viernes, 18 de mayo de 2018

El sol de las doce

La ciudad tiene a primera hora su mejor cara
y el puto frío congela las emociones,
por eso salgo a comprar a la hora del ángelus.
"Enciendo un cigarrillo,
uno de esos que me dan la vida, y pienso
que no he perdido la costumbre
de caminar hacia el sur buscando mi norte,
ni de soñar que cualquier día nos veamos frente a frente
en el kiosco de la Fina, la farmacia o el estanco..."
Más arriba de la calle,
entre los canchos de piedra que aún coronan el barrio,
el abuelo Cipri mira el sol de las doce
saca su reloj de bolsillo y murmura:
Ya pasó, sí,hace tiempo que pasó
"La hora de los valientes..."

Rosario Martín

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